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Vámonos

Vámonos, antes de que el semáforo se ponga en verde y la carretera se esfume en un desaliento.
Vámonos, vámonos antes de que el anochecer brille más que la luna llena.
Vámonos, no sé de dónde has venido, pero vámonos.
Vámonos, hasta que el alto del León nos mire a los ojos.
Vámonos, allí, donde los días grises encuentran color.
Vámonos, dale rienda suelta a tu imaginación y después cámbialo todo.
Vámonos y vete.
Vámonos y quédate, hasta que el tiempo nos delate.

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Rufi Expósito y el amor

Pocas cosas me parecen tan hermosas en el mundo como conectar con la escritura de alguien. En un mundo tan superficial, donde cada vez es más difícil diferenciar ilusión y realidad, uno se encuentra con auténticos artistas que sienten lo que escriben. Desde el día que publicó el texto lo tengo merodeando por mi cabeza, por lo que hoy decido compartir la publicación de Rufi Expósito para disfrute de quien pase por aquí.

Como el que escribe sin amor,
ni dolor,
sintiendo que ha perdido el tiempo,
que nadie va a sonreír,
ni a llorar al terminar de leerlo.
Como al verano en invierno,
y al revés,
cuando deseas salir a la calle con tu chaqueta de cuero.
Como quien necesita un abrazo a 10 grados bajo cero.
Te echo de menos porque me había acostumbrado a no hacerlo.
Porque joder, yo no necesitaba decir te quiero,
porque no esperaba una sonrisa al otro lado,
porque yo nunca me había ilusionado,
porque antes me gustaba verte de espaldas,
de lejos,
sin que te dieras cuenta de que estaba sonriendo.
Te echo de menos.
Yo, que había creado tras mi coraza un imperio,
que había dejado tan sólo para escribir los sentimientos,
que me había secado con el daño,
con el tiempo,
que la vida me había vestido de negro,
guardando luto al amor en cada texto,
y mírame,
jajajajaja joder,
te echo de menos.
Como las vacaciones la segunda semana de colegio,
o las clases a mitad de verano.
Tus manos.
El haberlas rozado.
Te echo de menos como si no me diera miedo.
Como si fuera el momento de echarte de menos,
de soñar contigo sin decírtelo,
guardando anécdotas para cuando vuelvas,
y no tenga que echarte de menos.
Como si de verdad creyera que vas a hacerlo,
creyéndolo.
Como quien ha colado un beso entre medio de todas nuestras conversaciones,
como quien da motivo a las canciones.
Te echo de menos
y he trucado todas las margaritas para que salgas que sí,
no sé si te metiste en mi corazón,
o a mi corazón se le ha metido en los cojones,
pero te echo de menos,
y te jodes.

#buenasnoches

Texto: Te echo de menos de Rufi Expósito
Voz: Rubén Losada Alonso
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Te echo de menos. Como el que escribe sin amor, ni dolor, sintiendo que ha perdido el tiempo, que nadie va a sonreír, ni a llorar al terminar de leerlo. Como al verano en invierno, y al revés, cuando deseas salir a la calle con tu chaqueta de cuero. Como quien necesita un abrazo a 10 grados bajo cero. Te echo de menos porque me había acostumbrado a no hacerlo. Porque joder, yo no necesitaba decir te quiero, porque no esperaba una sonrisa al otro lado, porque yo nunca me había ilusionado, porque antes me gustaba verte de espaldas, de lejos, sin que te dieras cuenta de que estaba sonriendo. Te echo de menos. Yo, que había creado tras mi coraza un imperio, que había dejado tan sólo para escribir los sentimientos, que me había secado con el daño, con el tiempo, que la vida me había vestido de negro, guardando luto al amor en cada texto, y mírame, jajajajaja joder, te echo de menos. Como las vacaciones la segunda semana de colegio, o las clases a mitad de verano. Tus manos. El haberlas rozado. Te echo de menos como si no me diera miedo. Como si fuera el momento de echarte de menos, de soñar contigo sin decírtelo, guardando anécdotas para cuando vuelvas, y no tenga que echarte de menos. Como si de verdad creyera que vas a hacerlo, creyéndolo. Como quien ha colado un beso entre medio de todas nuestras conversaciones, como quien da motivo a las canciones. Te echo de menos y he trucado todas las margaritas para que salgas que sí, no sé si te metiste en mi corazón, o a mi corazón se le ha metido en los cojones, pero te echo de menos, y te jodes. #buenasnoches

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El cielo siempre se eleva

Catarsis tras catarsis, todos estamos bajo la noche que avanza y el cielo siempre observa dejándose caer. Callan los cobardes, cuanto más difícil es su empresa, más llenan la palabra valentía. En realidad son unos valientes, ellos todavía no lo saben. Mañana dejarán de ser cobardes. Esta noche solo son valientes.

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Cuando la locura se disfraza de cordura, la tormenta se hace eterna

Creo que no eres consciente de lo que admiro tu belleza. No eres consciente que cada día descubro tus rarezas y también me gustan. No eres consciente cuando te miro y te veo. No eres consciente de que la inspiración no existe, se siente y se lleva dentro. Eres consciente al saber lo que soy contigo. Te haces la inconsciente al descubrir por qué. La inconsciencia llega al mar y se funde con la incontinencia. Esas ganas que tengo siempre de verte, que se funden con las ganas que tengo de escribirte y se consuman con las ganas que tengo de hacerte el amor.

Portada: @thisissigrid

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Fotografía que vuelve en escultura

Esculpo mis palabras sobre el cielo de estrellas que dibujan los lunares en tu piel. La etérea admiración a tu mirada me hace despertar de este mundo terrenal. Tan solo un color es necesario para darse cuenta de que la delicadeza no reside en una belleza sin igual, sino en un profundo interior más bonito y duradero que cualquier realidad material. Tan solo un color más, blanco, y no escapo de este caminar hacia el destino que siempre ha vivido en mí, no en vano ansío deslizarme por este infinito indescifrable, no es el horizonte que a veces atisbo desde este oasis eterno. Es el ser que me hace brillar cuando te escribo estas palabras, que salen a fuego y en el aire de la yema de mis dedos. Es ser lo que me llena de todo esto, nunca antes había sido de esta manera, ni tan auténtico. El ritmo de mis latidos ya sincroniza con el de mi respiración. No es la fotografía, es lo que trasmite, lo que existe y no se ve. Lo que no existe y se ve. Me he quebrado demasiadas veces para darme cuenta, de hecho, ahora escribo estas líneas con lágrimas de felicidad, esa que llegué a creer un día que no existía. A este ritmo acelerado veo como la fotografía se vuelve escultura en tus ojos. La colección de sonrisas reside en mí, en una galería de obras de arte en el Museo del Prado. De esas esculturas en la sala 74 que nadie mira y todo el mundo ve, tan llenas de vida como cualquier obra maestra de Van der Weyden. Tú estás allí, en cada una de esas salas de mi cabeza ardiente, ilusión del reflejo más íntimo en mi alma. No concibo descanso, no hay más agua, ni aire, no hallo borde en el precipicio capaz de concebir lo inmenso del interior más recóndito de mí. Eres tú, con la misma elegancia que ves y tienes ante estas letras, que con tus ojos intentas desviar la atención para buscarme en la mirada. Es en estas palabras donde me deberías buscar, aquí en estos textos me escondo para mostrarte lo que soy contigo.

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Esculpo mis palabras sobre el cielo de estrellas que dibujan los lunares en tu piel. La etérea admiración a tu mirada me hace despertar de este mundo terrenal. Tan solo un color es necesario para darse cuenta de que la delicadeza no reside en una belleza sin igual, sino en un profundo interior más bonito y duradero que cualquier realidad material. Tan solo un color más, blanco, y no escapo de este caminar hacia el destino que siempre ha vivido en mí, no en vano ansío deslizarme por este infinito indescifrable, no es el horizonte que a veces atisbo desde este oasis eterno. Es el ser que me hace brillar cuando te escribo estas palabras, que salen a fuego y en el aire de la yema de mis dedos. Es ser lo que me llena de todo esto, nunca antes había sido de esta manera, ni tan auténtico. El ritmo de mis latidos ya sincroniza con el de mi respiración. No es la fotografía, es lo que trasmite, lo que existe y no se ve. Lo que no existe y se ve. Me he quebrado demasiadas veces para darme cuenta, de hecho, ahora escribo estas líneas con lágrimas de felicidad, esa que llegué a creer un día que no existía. A este ritmo acelerado veo como la fotografía se vuelve escultura en tus ojos. La colección de sonrisas reside en mí, en una galería de obras de arte en el Museo del Prado. De esas esculturas en la sala 74 que nadie mira y todo el mundo ve, tan llenas de vida como cualquier obra maestra de Van der Weyden. Tú estás allí, en cada una de esas salas de mi cabeza ardiente, ilusión del reflejo más íntimo en mi alma. No concibo descanso, no hay más agua, ni aire, no hallo borde en el precipicio capaz de concebir lo inmenso del interior más recóndito de mí. Eres tú, con la misma elegancia que ves y tienes ante estas letras, que con tus ojos intentas desviar la atención para buscarme en la mirada. Es en estas palabras donde me deberías buscar, aquí en estos textos me escondo para mostrarte lo que soy contigo.

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