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Cada vez me da más asco este alarmismo social crónico en el que parecemos sumidos para siempre. ¿Logrará alguien despertarnos del estado de letargo? ¿cuándo se producirá el eclipse que nos haga evolucionar como sociedad? El problema es ese, ya tenemos decidido el lugar que ocupamos en el planeta. Pero el problema es ese, lo hemos decidido nosotros, ¿tú lo has hablado / sentido / vivido con otro ser que no sea humano? ¿no, verdad? Yo tampoco, sin embargo, el sitio que ahora creemos que nos corresponde no ha sido deliberado, no ha habido debate, correlación, no ha habido sinergias entre especies. Nos hemos creído por un momento los reyes del mundo. Digo un momento porque nuestro paso es un suspiro a los ojos de la madre Natura. Ella nos pondrá en su sitio, tarde o temprano, será al tiempo que ella marque. La naturaleza en su concepto más filosófico y el conjunto de composiciones. Nuestro paso es efímero aquí y nos hemos olvidado de lo relativo que es el tiempo. Nuestra fugaz especie, más perecedera que nunca a pesar de la longevidad de nuestras vidas, ha sido capaz de sobrevivir a las más brutales masacres de conciencias habidas y por haber. Somos más y cada vez menos. Perdemos la pasión, que es lo que nos distingue. Perdemos romanticismo, fruto de esa pérdida de pasión. Nos dejamos perder muy pocos al frío viento de nuestras pasiones, para permanecer en el cálido abrazo de nuestros más oscuros fantasmas. Preferimos morder el polvo y caer, que acariciar el aire y ser libres de toda atadura. Las cadenas solo están en tu cabeza y, solamente tú podrás decidir lo que pasa o deja de pasar por ti. Vuela y sé libre, estás en consonancia con la Naturaleza, algún día te lo devolverá. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que hay que dejar de comprar tiempo para vivir el tiempo plenamente? Compramos lo que no existe para vivir realidades mentales que se alejan de cualquier materialidad.

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Y después del punto de no retorno…

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Esculpo mis palabras sobre el cielo de estrellas que dibujan los lunares en tu piel. La etérea admiración a tu mirada me hace despertar de este mundo terrenal. Tan solo un color es necesario para darse cuenta de que la delicadeza no reside en una belleza sin igual, sino en un profundo interior más bonito y duradero que cualquier realidad material. Tan solo un color más, blanco, y no escapo de este caminar hacia el destino que siempre ha vivido en mí, no en vano ansío deslizarme por este infinito indescifrable, no es el horizonte que a veces atisbo desde este oasis eterno. Es el ser que me hace brillar cuando te escribo estas palabras, que salen a fuego y en el aire de la yema de mis dedos. Es ser lo que me llena de todo esto, nunca antes había sido de esta manera, ni tan auténtico. El ritmo de mis latidos ya sincroniza con el de mi respiración. No es la fotografía, es lo que trasmite, lo que existe y no se ve. Lo que no existe y se ve. Me he quebrado demasiadas veces para darme cuenta, de hecho, ahora escribo estas líneas con lágrimas de felicidad, esa que llegué a creer un día que no existía. A este ritmo acelerado veo como la fotografía se vuelve escultura en tus ojos. La colección de sonrisas reside en mí, en una galería de obras de arte en el Museo del Prado. De esas esculturas en la sala 74 que nadie mira y todo el mundo ve, tan llenas de vida como cualquier obra maestra de Van der Weyden. Tú estás allí, en cada una de esas salas de mi cabeza ardiente, ilusión del reflejo más íntimo en mi alma. No concibo descanso, no hay más agua, ni aire, no hallo borde en el precipicio capaz de concebir lo inmenso del interior más recóndito de mí. Eres tú, con la misma elegancia que ves y tienes ante estas letras, que con tus ojos intentas desviar la atención para buscarme en la mirada. Es en estas palabras donde me deberías buscar, aquí en estos textos me escondo para mostrarte lo que soy contigo.

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Hablando de búsquedas. · Talking about searches.

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Lo que en ti habita. · What lives in you.

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