Luz y oscuridad

La libertad, esa palabra tan manoseada hasta ser perder su significado. Ser libre para algunos es poder caminar por la calle. Ser libre para otros es poder decir lo primero que se les pasa por la cabeza. Cualquiera de estos reaccionaría de forma brusca si fuera privado de su libertad. Hay quien afirma, con maldad, ironía o las dos cosas, que toda opinión en respetable. Si esto fuera así, ¿por qué Orwell afirmó aquello de “en tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”? Porque todas las opiniones son respetables hasta que la luz se convierte en oscuridad.

En tiempos de verdad parcial, las guerras que se libran también lo son. Hay quien se alista a la marina y piensa que lucha en nombre de una idea irrefutable. En realidad, está luchando contra su propio enemigo. Decía Nietzsche que “quien combate un monstruo debe andar con cuidado de no convertirse en otro monstruo”, no le faltaba razón, cuando uno mira mucho al abismo, tarde o temprano el abismo le devuelve la mirada. Con la censura pasa lo mismo, el abismo está oculto y estamos entretenidos con lo que se nos pone por delante.

En tiempos de emoción no somos más que carne y huesos, pero somos lo suficientemente inteligentes para saber si algo se nos está ocultando o no. En tiempos ‘modernos’ a veces se descubre que la libertad es precisamente algo que se contrapone a la oscuridad. Siempre habrá asaltadores de caminos que guíen por el lugar que a ellos les interesa. Pero sin libertad no somos nada. No seríamos más que sombras de aquello que deberíamos ser, fugitivos de la oscuridad.

¿Cuántas veces habremos tenido la oportunidad de conocer y no hemos sido conscientes? Al mismo tiempo hemos deseado conservar lo conseguido hasta llegar a un alto en el camino. Sopla el viento y de repente supimos que teníamos que despertar. Somos ciudadanos de este mundo que nos dibuja la realidad. Ante la realidad que nos divide, una única luz, y cada uno con su tarea. La luz que se proyecte en todas las direcciones, que rebote y se refleje. Y el que no quiera recogerla, se privará a sí mismo de la libertad.

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