La gran broma final

“Quisiera una bombona de oxígeno, pero ya vieja; es para un moribundo”. En efecto, el acaudalado empresario no quiso invertir más, ya llevaba un gran número de bombonas de oxígeno compradas este mes. Pero ay, amigo, no eres más tonto porque no entrenas. ¿No has oído que he estado todo el día preguntándote por el cuchillo que tienes ahora mismo clavado en el pecho? Dijo el revolucionario mirando fijamente a su verdugo.

“No seamos alarmistas”, creo que me suena esta frase. Debe ser lo mismo que dijeron los romanos antes de ser invadidos por los godos. O lo mismo que pensaron antes de condenar a Galileo por decir que la Tierra gira alrededor del Sol. Pero oye, antes de caer Roma ya cayó Egipto y tampoco pasó nada, la historia de la Tierra es un ciclo. Hay que respetar los ciclos, los seres humanos solo estamos de paso.

Cinco huracanes en un mes y todavía hay gente que cree que una planta es capaz de curar el cáncer. Cada año el infierno pisa nuestros bosques y todavía hay gente que cree que el agua de Madrid es mejor que la de Burgos. Hay gente que se da cuenta de que el tren le va a pasar por encima justo cuando lo tiene delante. No sé, yo no necesito pegarme un tiro para saber qué se siente.

En España, Pedro Sánchez evitaba el cuerpo a cuerpo en los debates recordando que era el Día de la Tierra. Nos hemos creído los reyes del mundo, pero al final nos hemos dado cuenta de que el singular personaje de Pedro Sánchez tenía razón. Cómo duele dársela a una persona tan ruin y mezquina que se traga todos los bulos de la élite globalista interesada en enriquecerse con el negocio del calentamiento global y las energías renovables.

“Aquí huele a muerto”, dijo el sepulturero mientras cavaba una zanja. “Un par de grados o tres no son para tanto”, dijo mi cuñado. Pues a ver si se aclaran de una vez los señores de negro que gobiernan el mundo. Y oye, sería un detalle que George Soros dejase de fumigarnos por las noches sin darnos cuenta. Creo que ya va siendo hora de llamar a las mascarillas como lo que son, bozales. Esta última discusión la tuve antes de que un tornado se llevase por delante mi casa. No era el día del Juicio Final, era el Día de la Gran Broma Final.

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